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En los años 40 y 50 del siglo XX, en países desarrollados, se registró un aumento progresivo de enfermos del corazón. Gran parte de los mismos presentaban altos valores de colesterol sanguíneo.



Por lo tanto, lo más lógico fue adoptar la hipótesis de que ¨para reducir la prevalencia de dichas enfermedades es necesario reducir el consumo de colesterol¨, y en especial el consumo de huevos por contener de 250 a 300 miligramos de colesterol. En lugar de huevos y ácidos saturados en carnes, se recomendo el consumo de aceites vegetales.

Entre los que adoptaron dichas recomendaciones, se notó un descenso en el colesterol sanguíneo.

Pero para decepción de todos, el descenso fue transitorio, seguido más tarde por un aumento de otras enfermedades, en especial el cáncer.

El mito sobre el consumo de huevos persiste, inclusive en países de América Latina. Esto a pesar de que:

1.-       En numerosos estudios realizados por científicos y médicos no se encontró relación entre el consumo de huevos  y el colesterol sanguíneo.

2.-       En varios países existe relación positiva en expectativa de vida e inversa en muerte por isquemia cardiaca.

3.-       Datos epidemiológicos de los Estados Unidos de América demuestran que entre los años 1.950 y 1.967, se registró un aumento significativo en la mortandad por enfermedades del corazón, pero al mismo tiempo un descenso también significativo en el consumo de huevos.

Factores causales de hipercolesterolemia:

1.-       El colesterol oxidado, aún en valores normales, es dañino para la salud. La oxidación se debe a la falta de antioxidantes en nuestra dieta.

2.-       Factores genéticos.

3.-       Sedentarismo, estrés mental y preocupación.

4.-       Exagerado consumo de calorías y grasas.

5.-       Consumo deficiente de ácidos grasos del tipo Omega3 existentes en pescados de agua fría.

En términos de nutrición deseable, y por tanto de una alimentación correcta, no es adecuado calificar a los alimentos de buenos o malos, porque ninguno debe ser necesariamente excluido de la dieta de las personas sanas. Es la cantidad, la frecuencia de consumo de un alimento o la oportunidad para quien lo toma lo que hace que su inclusión sea o no deseable en un plan de alimentación bien concebido. En las últimas décadas los huevos han figurado con frecuencia en la lista de alimentos a restringir en las dietas encaminadas a controlar la colesterolemia. Sin embargo, este problema es bastante mas complejo y no guarda relación directa con el consumo de un determinado alimento. Hoy en día se ha demostrado que en la elevación de los niveles de colesterol plasmático tiene menos incidencia el colesterol ingerido a través de la dieta que la relación ácidos grasos saturados/poliinsaturados de la grasa ingerida y el grado de oxidación de esta, debido a su mayor capacidad aterogénica.

Dado que los huevos son un alimento de elevado valor nutritivo, restringir su consumo, como se ha recomendado equivocadamente en muchas ocasiones, puede conducir a situaciones nutricionales y sanitarias de peores consecuencias que el problema que se intenta evitar.



Las pautas establecidas por diferentes instituciones y organismos sobre consumo de alimentos recomiendan entre dos y tres raciones al día de carne, pescado o huevos para conseguir un aporte adecuado de nutrientes.

Teniendo en cuenta estas indicaciones, para un niño, persona de baja estatura o con poca actividad podría ser conveniente el consumo de 4 huevos por semana, mientras que en una persona con mayor actividad o complexión física el consumo recomendado podría estar en 7 huevos por semana.

Por tanto, puede afirmarse que no existe razón para mirar el huevo con recelo. Su elevado valor nutritivo, el hecho de que guste y resulte apetecible a la mayor parte de las personas son algunas de las razones que aconsejan incluirlo en una dieta variada, compleja y equilibrada.

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